Carta del fundador
«Una caldera no es un electrodoméstico. Es lo que mantiene caliente a una familia en enero.»
Empecé como técnico de Ferroli en 1998. Tenía 26 años y una idea bastante clara de lo que no quería ser: el técnico que llega tarde, que no explica nada y que factura piezas que no ha cambiado. Trabajé siete años en el servicio oficial y aprendí dos cosas: que las calderas tienen lógica interna y que los clientes tienen memoria.
En 2005 decidí montarlo por mi cuenta. Alquilé un local pequeño en el Carrer de Sant Josep, en el centro de Mataró, compré una Renault Kangoo de segunda mano (la pintamos azul con la Mariola, mi mujer, un sábado por la tarde) y empecé a repartir tarjetas por las porterías del barrio.
Veinte años después seguimos en el mismo barrio. Nos hemos mudado dos calles, ahora estamos en un local más grande, pero la idea es la misma: si llamas, te coge alguien que conoce tu vivienda. Si vamos, te explicamos qué pasa antes de tocar nada. Si arreglamos, te lo garantizamos por escrito.
Hemos visto cambiar el sector: las calderas atmosféricas se prohibieron en 2015, llegó la condensación y luego la aerotermia. Hemos formado al equipo en cada cambio. Pero lo que no ha cambiado es el oficio: subir escaleras, oler bien si hay fugas y dedicar el tiempo que haga falta a cada vivienda.
— Sergio Navarro Martí
Mataró, mayo de 2026